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Isabela, Puerto Rico  

Viernes, 5 de noviembre de 2004 /  Actualizado: 1:51  a.m.

 Año III / Número 1

 

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La Nación


Vieques:
Paraíso de Especuladores

Por Carmelo Ruiz Marrero
Claridad



Se fue la marina, pero las tierras viequenses siguen siendo objeto de diferendo y desacuerdo. Esta vez no es por el militarismo sino por la dinámica del capitalismo. Ahora que ya no hay bombardeo, la Isla Nena se está perfilando como un verdadero paraíso ante los ojos de extranjeros y puertorriqueños de la Isla Grande que están aprovechando y comprando ahora terrenos y casas y abriendo negocios.

Estos nuevos visitantes, que incluyen desde sanjuaneros buscando una casa de veraneo y norteamericanos ansiosos por abrir una fonda o restaurante hasta especuladores, están causando cambios demográficos y económicos en Vieques que pueden trastocar permanentemente el carácter y alma de la isla para bien o para mal.

Hay gran preocupación entre amplios sectores en Vieques y la Isla Grande de que pase como en Culebra. Tras irse la marina, Culebra ha experimentado un boom desarrollista insustentable y descontrolado que amenaza con convertir esa isla municipio en un peñón inhabitable en el futuro. Temen que la especulación de terrenos logre lo que la marina no pudo: convertir a los viequenses en extranjeros en su propia tierra, esta vez no en aras de la “seguridad nacional” sino del libre mercado y la empresa privada.

Pero la moneda tiene dos lados. Si hay gente comprando es porque hay gente vendiendo. Es simple aritmética capitalista: no hay oferta sin demanda, y viceversa. Si bien hay muchos extranjeros comprando propiedades es porque hay al menos un sector de la población viequense que está vendiendo. Y no pueden ser dos o tres vendedores, porque para que haya un boom de bienes raíces debe haber mucha oferta, en otras palabras muchos dispuestos a vender. La situación no se presta a un análisis maniqueísta. No es como cuando estaba la marina, que había “buenos” y “malos” en bandos polarizados y era fácil saber quién estaba en qué lado. La semana pasada viajamos a Vieques para examinar el asunto.

En la lancha de carga de camino a Vieques hablamos con Gustavo Marín Méndez, sanjuanero que se mudó a la Isla Nena hace un par de años y abrió allá un restaurante con su esposa viequense. Todos los miércoles en la madrugada toma la lancha de carga a Fajardo y corre a las megatiendas para surtirse de mercancía para el restaurante y regresa al embarcadero a tiempo para tomar el último transporte de regreso a Vieques.

Marín Méndez es también corredor de bienes raíces. Expresó que tras la salida de la marina Vieques es una tierra de oportunidades, y no comparte el pesimismo de otros sectores que ven la inversión extranjera con recelo y sospecha. Pero eso dicho, le preocupa grandemente la mentalidad de quienes quieren “desarrollo a como dé lugar” al estilo de la Isla Grande y Culebra.

Nos dijo que algunos viequenses asocian el progreso y el desarrollo con megatiendas y establecimientos de comida rápida, y no quieren entender que el atractivo turístico de Vieques es precisamente que ahí no hay ninguna de esas cosas. Muchos de los que así piensan nunca han vivido en el área metro y por lo tanto nunca han experimentado lo que es vivir en zonas de alta criminalidad, donde los tapones, el ruido y el aire sucio son la orden del día y donde uno tiene que acostumbrarse a dormir con una sinfonía de tiroteos, sirenas de policía y alarmas de carros.

Marín Méndez plantea si se da en Vieques el patrón de desparramo desbocado y mala planificación de la Isla Grande, todo el mundo saldrá perdiendo, porque ningún turista va a tomar la lancha a Isabel Segunda para ir a McDonald’s o Subway, cuando en otros municipios ya eso lo hay de sobra.

“A los agentes de bienes raíces se nos culpa por el alza en los precios de propiedades, pero nosotros no tenemos nada que ver con eso”, dijo Lynne Wetherby, estadounidense que tiene un negocio de bienes raíces en el barrio Esperanza. “El valor lo determina lo que la gente esté dispuesta a pagar. Es tan sencillo como eso, el mercado dicta los precios.”

Wetherby nos informó que antes de la salida de la marina vendía como mucho una propiedad al mes. Pero este año su negocio se triplicó y las propiedades están subiendo de valor 25% al año. Ella considera risible la idea de imponer una moratoria a la especulación, como proponen algunos, ya que argumenta que al suprimir la demanda la oferta todavía estaría ahí, exacerbando aún más el problema que se pretende resolver.

Pero Wetherby está de acuerdo en que debe haber algún tipo de control. Por ejemplo, opina que la entrada de negocios de comida rápida sería la ruina de Vieques desde el punto de vista turístico y que además, la ausencia de estructuras de más de tres pisos le da belleza a la isla. Vieques no tiene esos condominios adefesios como los de El Condado e Isla Verde, que tapan por completo la vista al mar.

En años anteriores los compradores eran mayormente gente encantada con la belleza de Vieques, ansiosa por irse a vivir allá o por lo menos tener una casa de veraneo, y le hacían a Wetherby preguntas acerca de la calidad de vida en el lugar. Pero ahora con más frecuencia vienen a ella especuladores con signos de dólar en los ojos, cuya única intención es revender las propiedades. Lo único que le preguntan es cuánta ganancia le pueden sacar a la propiedad. “¿Por cuánto puedo revender esto de aquí a dos o tres años?”

No es fácil

Nos contó Carmen Valencia, de la Alianza de Mujeres Viequenses, que la comunidad enfrenta enormes presiones económicas y que no es fácil resistir las ofertas de compradores que vienen billete en mano a ofrecer sumas de seis cifras por terrenos baldíos.

Dijo Valencia que hay familias divididas en torno al asunto, con hermanos en desacuerdo sobre si vender o no las tierras que heredaron de sus padres y abuelos. Unos quieren vender para salir de apuros económicos, después de todo la tasa de desempleo en Vieques está muy por encima del promedio del país. Otros no quieren vender por entender que es un patrimonio inalienable.

Pero es difícil. ¿Quién le puede decir “no” a $100 mil? Y si el vecino logró vender su terruño baldío por $140 mil, ¿entonces por qué uno no puede vender el suyo por ese mismo precio?

En medio de la penuria y las ofertas tentadoras, uno tiende a olvidar lo obvio: que $100 mil o $140 mil realmente no es mucho, especialmente cuando se comparte entre varias personas. En cuestión de dos o tres años, uno acaba en la misma situación económica de antes. Así es el ciclo de la especulación: a corto plazo el vendedor sale ganando pero a la larga los beneficios se esfuman. Y uno no puede evitar sentirse timado cuando el comprador varios años después coge y revende la propiedad por una suma muchísimo mayor.

 

 

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