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Isabela, Puerto Rico                                                Viernes, 31 de octubre de 2003 /  Actualizado:  8:00  p.m.

 

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LA NACIÓN

Despertando y movilizando la rebelión independentista puertorriqueña

 

 

 

 

 

Por  Padre Luis Barrios / Iglesia San Romero de las Américas

Lbarrios@jjay.cuny.edu

Argenpress

 

 

 

El 30 de octubre de 1950 se sigue conociendo en los anales históricos de Puerto Rico como el día de la insurrección nacionalista. Hay que reconocer que don Pedro Albizu Campos –uno de los pilares del movimiento nacionalista- jugó un papel importantísimo en la reestructuración del Partido Nacionalista de Puerto Rico dejando como resultado, entre otras cosas, la creación de dos sectores conocidos como el civil y el militar.

De alguna manera tal y como el pueblo de Lares y Ramón Emeterio Betances ocupan un lugar especial en lo que se conoce como el Grito de Lares (23 de septiembre de 1868), el pueblo de Jayuya y Blanca Canales tienen su altar patriótico separado en la historia porque fue aquí en donde se declaró la República de Puerto Rico.

La revolución del 30 de octubre se llevó a cabo dentro del contexto de también rechazar la hermandad que existía entre el entonces gobernador colonial de turno, Luis Muñoz Marín, y los amos de la colonia, el gobierno de Estados Unidos. Fue el Congreso estadounidense quien para este año aprobó la llamada Ley 600 la cual burlonamente pasó a conocerse en ingles como el Commonwealth y en español el Estados Libre Asociado de Puerto Rico.

Mire si esto es un tremendo disparate político que Puerto Rico ni es estado, ni es asociado ni mucho menos libre. Con esta fórmula descabellada y a través de un referéndum colonial se pretendió alcanzar por lo menos dos objetivos.

Por un lado legalizar lo que era ilegal. De aquí el que don Pedro Albizu Campos les dijera: 'ellos están buscando una base legalizada para decirle al mundo, frente a la acusación del Partido Nacionalista que en 52 años nosotros ya no somos puertorriqueños, somos ciudadanos yanquis y que nosotros nos allanamos a la imposición de los Estados Unidos y que renunciamos a nuestro derecho de ser puertorriqueños…' Recuerden que la presencia del gobierno de Estados Unidos en Puerto Rico es el resultado de una invasión militar llevada a cabo el 25 de julio de 1898. Luego mas adelante, y a través de otro documento ilegítimo llamado Tratado de Paris (impuesto por Estados Unidos a España el 11 de abril de 1899), se pretendió legitimar lo que es delictivo; la relacional colonial.

Con el otro objetivo se pretendió guardar las apariencias tratando de ocultar lo inocultable y es que Puerto Rico era, - y sigue siendo en la actualidad- la colonia más importante del imperio más poderoso que existe. O sea, una cosmetología política fumigada con colonia

"De alguna manera tal y como el pueblo de Lares y Ramón Emeterio Betances ocupan un lugar especial en lo que se conoce como el Grito de Lares (23 de septiembre de 1868), el pueblo de Jayuya y Blanca Canales tienen su altar patriótico separado en la historia porque fue aquí en donde se declaró la República de Puerto Rico".

Padre Luis Barrios

Sin sonar catastrófico tengo que reconocer que la celebración del 53 aniversario de la revolución nacionalista y de la declaración de la República de Puerto Rico, el 30 de octubre, la estamos celebrando dentro de un contexto político poco confortador. Me explico.

Actualmente aunque la independencia es la única opción correcta para definir el estatus político de Puerto Rico -es la fórmula que resuelve el problema de descolonización e independencia- hay que reconocer que nuestro pueblo no ve en este momento que esta sea una opción relevante. Por supuesto, decir que nuestro pueblo no cree en la Nación puertorriqueña o en su independencia es muy simplista. Hay que reconocer también que el impacto colonial ha tenido su eficacia por lo menos en tres renglones: la manera de pensar, la manera de actuar y la manera de sentir de nosotros los puertorriqueños.

Que no se nos olvide que el colonialismo, como ideología de opresión y exclusión, siempre se ha distinguido por crear este estado de incertidumbre en donde se tiende a ver como regla la manera de pensar, de actuar y de sentir de quienes colonizan. Esta incertidumbre ha sido utilizada poderosamente por quienes administran la colonia y el mismo puede ser identificado como un colonialismo psicológico. Me parece correcto decir que nuestro pueblo tampoco aunque ve el estadolibrismo como la fórmula política sigue que sigue las pautas tradiciones de votar por el partido que la promueve, en este caso el Partido Popular Democrático. Esta es la penosa realidad de la persona colonizada -en este caso particular nosotros los puertorriqueños- quienes salimos a votar por partidos políticos, o peor aun, por la apariencia física de quien esta corriendo para la gobernación.

Ahora bien, preguntémonos, ¿Por qué en la celebración de este nuevo aniversario de la revolución nacionalista el pueblo puertorriqueño no ve a la independencia como la opción política?

Podríamos especular una serie de respuestas y explicaciones, permítanme recrear la que a mi juicio es la más trascendental.

Yo creo y sostengo que el problema fundamental -y esto lo digo sin menospreciar la realidad que estamos luchando con un imperio poderoso y unos subalternos enérgicos, o sea contra Satanás y sus ángeles de tinieblas- lo es quienes profesamos esa independencia porque no estamos viviendo a la altura que ésta requiere. ¿Qué quiere decir esto?

Por un lado estamos promoviendo un independentismo que se caracteriza por reflejar una enfermedad a la que Vladimir I. Lenin identificó como izquierdismo.

O sea, una actitud en donde la motivación principal gira alrededor de un celo ideológico que mantiene posturas absurdas o ineficaces. Esta tiende a reflejarse en competencias disparatadas que se llevan a cabo entre los grupos y partidos políticos, el endiosamiento caudillista, el nacionalismo etnocentrista y el imponer al pueblo modelos de descolonización los cuales por un lado no cuentan con su bendición y por otro lado no son relevantes a su realidad.

Estamos promoviendo un independentismo embalsamado que se caracteriza por ser una momia del museo patrio y este se manifiesta con la creación de grupúsculos con modelos de clubes que aglomeran a un elitismo en donde se compiten por los títulos universitarios que los lideres tienen. También se distingue por solo utilizar guías académicos tradicionales de conferencias, convenciones y análisis teóricos -los cuales no tengo la menor duda que son importantes- pero al no caminar con el pueblo pasan a ser por desgracia el engranaje de un independentismo inoperante y obsoleto que tiene entonces la función de promover una catarsis colectiva patria promoviendo reuniones que se caracterizan por solo recordar lo que pasó y no reflexionar en lo que supone que yo esté haciendo.

De aquí la necesidad y mi invitación de que en este aniversario del 30 de octubre despertemos y movilicemos la rebelión independentista puertorriqueña comenzando con nosotros. Paz con justicia.

  

   

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