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Isabela, Puerto Rico  

Domingo, 11 de noviembre de 2004 /  Actualizado: 1:57  p.m.

 Año III / Número 2

 

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El Mundo


Pierden credibilidad en EEUU y Europa:
Alertas "antiterroristas" ¿qué hay detrás?

Por IAR-Noticias





Bush y  Blair dependen del  "peligro terrorista" para justificar sus cruzadas bélicas y acreditar  consenso social y político a sus desgastadas administraciones.

Después de la confusión provocada por tres días consecutivos de anulaciones y retrasos, el promocionado vuelo 223 de British Airways, entre Londres y Washington, cancelado jueves y viernes, despegó el sábado pasado con tres horas de retraso.

El inconveniente estuvo encuadrado en el "alerta antiterrorista" que se extendió desde Washington a todas las capitales europeas dos semanas antes de las fiestas de fin de año.

El Gobierno británico dio sus propias explicaciones del "alerta": "fuentes de inteligencia han advertido de planes terroristas “específicos y creíbles” para secuestrarlo y estrellarlo contra un objetivo en Washington", señaló el ministro británico de Transportes, Alistair Darling. 

El funcionario se vio obligado a efectuar esa aclaración en medio de la polémica suscitada en Londres, y otras capitales europeas, por la exigencia estadounidense de que policías armados vayan a bordo de algunos vuelos transatlánticos.

Presionado por  los serios inconvenientes que las exageradas medidas de seguridad plantean a los pasajeros la Administración Blair habló concretamente de una amenaza terrorista en relación con el vuelo 223 de British Airways.

La anulación de vuelos, los estrictos controles a los pasajeros, tanto a la salida como a su llegada al aeropuerto de Washington, agregado a la presencia de agentes armados en algunos aviones, han planteado un gran debate en Gran Bretaña y en Europa sobre la veracidad de las amenazas y las medidas de seguridad dispuestas.

Sectores de la prensa británica se interrogan abiertamente sobre la credibilidad de los datos de los servicios secretos y si los mismos justifican las medidas extremas de seguridad que se han implementado.

Esto llevó a que el gobierno de Blair pusiera el acento  en la existencia de  “datos creíbles y específicos” sobre un intento de secuestro para provocar un nuevo 11-S.

Antes del "malestar"  producido por las extremas medidas de seguridad,  Londres y Washington -en fina sintonía como siempre- venían especulando  con una supuesta  intercepción electrónica de mensajes de Al Qaeda "amenazando" con un ataque con misiles a EEUU y a ciudades europeas.

Tal "psicosis terrorista" motivó que algunos aviones hayan sido escoltados por aparatos F-16 al ingresar a  EE.UU.

La CIA, el MI6 (servicio de inteligencia del Reino Unido), el Home Office británico y el Departamento de Seguridad Interior estadounidense coordinaron estrechamente sus actividades y actuaron en forma sincronizada.

La información sobre la amenaza “específica y creíble” a la que se refirió el sábado el ministro británico de Transportes habría sido obtenida por el espionaje electrónico conjunto de Estados Unidos y Gran Bretaña, que utilizan los satélites de comunicaciones para interceptar todo tipo de mensajes, estudiarlos y determinar cuáles de ellos son "atribuibles" a Al Qaeda.

No obstante este despliegue "antiterrorista", casi calcado de otros operativos que se repitieron sin cesar desde el 11-S para adelante, hay sectores que comienzan a "sospechar" de un posible rédito  político a favor de Estados Unidos y Gran Bretaña.

El gobierno francés ha criticado la "falta de precisión en las informaciones" que llevaron a suspender seis vuelos de Air France a Los Angeles y a detener otro en Gandor (Terranova) durante tres horas.

La opinión pública "informada", europea y estadounidense, comienza a referirse a estos "alertas fallidos" con un dejo entre la ironía, el fastidio y la incredulidad.

Ante la no concreción de los atentados, la "psicosis terrorista" asociada con Bin Laden y Al Qaeda comenzó a perder fuerza y las sucesivas y espectaculares operaciones de seguridad comenzaron a caer en el descrédito y su continuidad en el tiempo las puede hacer caer en el ridículo.

Desde la voladura de las Torres Gemelas para acá sucesivos alertas "rojos" o "naranjas" han conmocionado a Europa y a Estados Unidos, el "fantasma terrorista" de Al Qaeda aparece, amenaza y desaparece sin que nada suceda. 

Los aparatos de inteligencia anglonorteamericanos corroboran con prontitud la "veracidad" de esas amenazas, y luego se despliegan impresionantes operativos de seguridad destinados a prevenir o neutralizar esos posibles ataques.

Hay precisiones estadísticas: Bin Laden y Al Qaeda sólo "aparecieron" en videos de dudoso origen desde el 11S en adelante.

En cambio, en ese mismo período,  EEUU y su socio inglés concretaron dos invasiones imperialistas: Afganistán e Irak, e incrementaron  suS presupuestos militares y de seguridad a cifras astronómicas escudados en el "peligro terrorista".

El presupuesto de la  "guerra contra el terrorismo" asciende a 120.000 millones de dólares anuales.  Una cifra faraónica  que alimenta el déficit presupuestario estadounidense que rondará los 480.000 millones de dólares en el año 2004, según lo anunciado por la oficina del Congreso.

El destino de Bush como el de Blair, su imagen pública y electoral, dependen hoy como nunca del "peligro terrorista" que justifique sus cruzadas bélicas y les acredite consenso social y político a sus desgastadas administraciones.

Ambos, en sus respectivos países, luchan contra sus imágenes públicas en caída vertiginosa.

Atrás quedaron los bombardeos "exitosos"  y la ocupación de Yugoslavia y Afganistán, ahora el objetivo del eje imperialista Washington-Londres está centrado en controlar el polvorín de la ocupación militar de Irak.

Tanto a W. Bush como a Tony Blair, socios en la empresa capitalista de invadir países, las encuestas no les "miden bien" tras la aventura de apoderamiento de Irak en sólo 22 días.

Para ambos los sondeos de opinión en sus respectivas naciones marcan una decadencia pronunciada de su imagen ante la opinión pública, y solamente una nueva cruzada contra el "eje del mal" puede otorgarles algún oxígeno a sus desvencijadas carreras políticas.

La reciente captura de Saddam Hussein impulsó algunos puntos arriba a la figura de Bush, pero la creciente escalada de ataques y de bajas que experimentaron luego las tropas norteamericanas convenció a la sociedad estadounidense que "todo sigue igual" con el ex líder iraquí  detrás de las  rejas.

La "gloria"  se le esfumó en pocos días a Bush, y hoy las encuestas le marcan un virtual "empate técnico" con el candidato de los demócratas a las elecciones presidenciales que se realizarán dentro de 11 meses.

El presidente de EEUU, quien se postula para la reelección, enfrenta una oposición interna feroz por parte de sus adversarios electorales atrincherados en el Congreso y en los medios de comunicación.

El "empantanamiento" de las fuerzas estadounidenses en Irak, el alto  costo económico y en vidas que genera a los norteamericanos la ocupación militar, son los principales argumentos de las campañas contra Bush dentro y fuera de los Estados Unidos.

El costo de la ocupación militar y la reconstrucción de Irak  demanda US$ 1.000 millones semanales al Estado norteamericano, según lo declarado hace poco por el administrador civil norteamericano, Paul Bremer.

Mientras las corporaciones y los bancos estadounidenses hacen jugosas ganancias con los contratos de la reconstrucción de Irak, el Estado norteamericano ya  ha invertido más de US$ 35.000 millones en los costos operativos de la ocupación, cifra que en sesenta días más superará en dos veces el costo total que demandó la guerra relámpago de apoderamiento de ese país.

Francia, Rusia, y Alemania se niegan a poner sus tropas bajo el comando político y militar norteamericano hasta que sus bancos y transnacionales no reciban "garantías" de mayor participación en el festín de la "reconstrucción de Irak", cuya tajada principal se llevan EEUU y su satélite británico.

Bush se niega a pagar el "precio" de ceder el control político, militar y económico de la "reconstrucción" de Irak a la ONU, o sea a sus inestables aliados europeos que le exigen mayor participación en el botín de guerra.

Tanto por el lado del frente "interno" como del "externo", Bush como Blair atraviesan situaciones enmarcadas dentro de un cuadro de "atrapado y sin salida".

La dinámica de la resistencia iraquí, con su secuela ininterrumpida de bajas norteamericanas, torna imposible un ascenso de Bush en las encuestas electorales de aquí a noviembre, fecha de los comicios presidenciales.

Blair, por su parte, está tironeado por dos posiciones. De un lado la opinión publica inglesa que le exige un despegue de su sociedad con Bush, y por el otro las grandes corporaciones armamentistas británicas (su principal sostén político) asociadas con firmas del complejo militar norteamericano, que le reclaman continuidad de su alianza estratégica con Washington.

En cuanto a Bush, su destino político está atado inexorablemente al control militar y político del polvorín iraquí.

Sus rivales del Capitolio ya le adelantaron que no le concederán un incremento del presupuesto militar, y su figura comienza a desgajarse entre las propias  filas de los republicanos "blandos".

En los días venideros de aquí a noviembre, W. deberá luchar para torcer el destino de su padre, George Bush, quien luego de ganar la primera Guerra del Golfo en 1991 fue derrotado en las urnas por el demócrata Bill Clinton.

En este contexto -según algunos expertos de Washington- hay que leer la reciente escalada de "alertas terroristas" en EEUU y en Europa.

Lo único que puede impulsar a Bush y a Blair al tope de las encuestas es una revitalización de la "guerra contra el terrorismo". Esto es, que Al Qaeda  deje de ser una "amenaza" y se convierta en "realidad" por medio de atentados selectivos contra blancos de Estados Unidos y Europa.

Las poblaciones de EEUU y de Europa han comenzado a "descreer" de las amenazas, y su reflejo condicionado de "psicosis terrorista" comienza a perder efecto ante los atentados que no se concretan.

No sería nada extraño -arriesgan algunos especialistas- que en los próximos días o meses la CIA haga "aparecer" nuevamente a Al Qaeda con atentados escalonados por Asia y Medio Oriente que luego se trasladen a EEUU y Europa.

Bush y los halcones del Pentágono, así como sus socios del complejo militar británico, quieren desenterrar la mística de la guerra contra el "eje del mal".

Y para conseguir nuevamente consenso político y social a sus planes de invasión  tienen que "mostrar al terrorismo en acción".

Un nuevo 11-S, quizá en EEUU, quizá en Europa, es una salida más que lógica para Bush, Blair, y el complejo entramado del capitalismo trasnacional  que extrae su tasa de ganancia de las guerras de conquista.

 

 

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